martes, 29 de junio de 2021

DON JOSÉ GUTIERREZ EL CORREO DE LA VIRGEN

 Como parte de la conmemoración de los 400 años de Aregue la Oficina del Cronista de Aregue presenta la obra en digital El Correo De la Virgen, obra recopilatoria sobre Don José Gutiérrez, quien en vida se entregó con afán a reivindicar la acción social de la Iglesia a favor de los humildes, defendiendo su terruño, reclamando los problemas que agobiaban a su pueblo, la sed secular que ha padecido nuestra comunidad, atesorando con fervor su fe en la Virgen India, la Chinca, ganándose merecidamente el nombre del Correo de la Virgen. En esta recopilación podrán leer su biografía, el Cuento El Correo de la Virgen del escritor Juan Páez Ávila, un poema del Profesor Luisito Rodríguez, una entrevista imaginaria de William Villanueva. La Ilustración es un cuadro realizado por el Artista Plástico Pastor Rafael Meléndez, Premio Nacional de Artes Plásticas, Mención Pintura Costumbrista del Ateneo de Carora Guillermo Morón, exclusivamente para ilustrar el cuento de Juan Páez Ávila, que quitamos prestado para portada de esta obra que aspiramos poder publicarla en imprenta. 

Apostamos a mejorar la presentación de esta obra en un mediano plazo. Por ahora queremos entregarles su interesante contenido donde destaca el Cuento del gran escritor Juan Páez Ávila, donde recrea con mucha certeza las vivencias del Quijote de Aregue. 

Creemos que en su pasión histórico-literaria el autor de seguro supo de las conversas a través de las cartas entre Don Chío Zubillaga y Don José, a quiénes unió una excelente amistad y una acentuada defensa por el bien común;  para congraciarnos, Juan Páez,  con su fecunda pluma con el presente magnifico cuento sobre este ilustre venezolano que tenemos el deber de rescatar del olvido. 



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Esta obra es iniciativa de la Oficina del Cronista de Aregue, en ocasión de los 400 años de la mariana comunidad de Aregue. 
Ilustración de Portada: Retrato realizado por el Artista Plástico Pastor Rafael Meléndez Piña, Premio Nacional de Artes Plásticas, Mención Pintura Costumbrista, otorgado por el Ateneo de Carora Guillermo Morón. 
Agradecimiento a la Empresa de envío de Remesas desde Chile Para Venezuela, Cambios Volando,  y su propietario, Jesús Javier Juárez, por su contribución con la revalorización de la historia local. 

DON JOSÉ GUTIÉRREZ
Por allá por los albores de un nuevo siglo, nace un niño que con el correr del tiempo será una representación honorable del gentilicio aregueño.
Aquel Aregue de antaño, de calles solariegas, donde la humildad se recreaba, para darle paso a la virtud; bañada por la Divina Luz de la Sagrada imagen de la Chiquinquirá, que vela por la grandeza de este pueblo.
Nace don Fidel José Gutiérrez Aponte, el 23 de abril de 1.899, en épocas de aquellas guerras civiles de generales y coroneles, que ambicionaban la autoridad republicana.
Fueron sus padres: Don Wenceslao Gutiérrez y Doña Abelina Aponte de Gutiérrez, ambos pertenecientes a lo mejor de la sociedad aregueña, y de virtudes cristianas del rango apostólico que exige nuestra santa religión.
Inició sus primeras letras bajo el sabio entendimiento del profesor Largio Giménez, recio en el carácter y justo en la decisión, y ajustado a la disciplina de la época. José Gutiérrez es un orgullo del estudiantado de principios del siglo 20. Su juventud transcurre en el pueblo que lo vio nacer, jamás se separa de él, y sí se separa no puede durar tanto tiempo fuera, porque Aregue para él, es como el agua que necesita para alimentar su existencia.
Como hombre público responde al llamado que le hace la patria, y es así, como en los años de 1934 al 1937, es administrador del correo en Aregue; y más tarde, en los años 1.947 al 1.948, fue presidente de la Junta Comunal, del Municipio Chiquinquirá, desempeñando el cargo con honra y decoro, y es, cuando se hace necesario la fundación la Junta Benéfica, él, no se hace esperar y pasa a ser su miembro fundador el 15 de septiembre de 1.953, demostrando su preocupación hacia el amor al prójimo, solucionando problemas de caracteres sociales, velando siempre por el adelanto de su tierra, por el progreso de la cultura y el bienestar social de este pueblo, que es su faro luminoso del cual se siente su hijo predilecto y Quijote defensor. Para responder al llamado de su religión, pasa a ser él uno de los principales promotores de la Cofradía de la Virgen de Chiquinquirá.
Don José Gutiérrez pronunció discursos enardecidos de cultura y tradición, que junto a sus artículos de prensa y folletos escritos, son su mejor aporte a la cultura vernácula.
Se casó Don José Gutiérrez en Aregue con la gentil y delicada señorita Amable Crespo, dama que pertenecía a lo más selecto de la sociedad aregueña, y de grandes dotes cristianas. De este matrimonio tuvo ocho hijos: Dulce María, Marina, Rafael José, Honorio, José Luis, Jesús, Carmen Lucía y Wenceslao.
El trabajo es para él su santuario, digno de hombre honrado a carta cabal.
Su recuerdo y amor por Aregue viejo lo lleva a construir una capilla en una pequeña colina, frente al sitio donde existió aquel pueblecito de nuestros habitantes originarios. Ese será uno de los bellos recuerdos que dejará nuestro homenajeado. Otro de sus otros ideales era que Aregue contara con una escuela granja, que le permitiera a los jóvenes de escasos recursos tener un modo de aprender una profesión.
Por último, Don José Gutiérrez fue un ajustado orientador de la juventud de su tiempo.
Manejaba acuciosamente datos históricos de las costumbres y tradiciones de esta comunidad.
Don José Gutiérrez, fue amante de las letras, de la historia, consejero de educación, representante de las buenas costumbres, y en sí, un auténtico bolivariano y cristiano de profunda fe, siendo su mayor cualidad el amor a los humildes, en sus palabras el rechazo al metalismo egoísta, el dinero, sin utilidad al prójimo.
Muere el Quijote de Aregue, Don José Gutiérrez, el 5 de enero de 1.985, a los 85 años de edad.

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EL CORREO DE LA VIRGEN


Cuento 

Autor: Juan Páez Ávila.-



Paula tocó y empujó simultáneamente la puerta de la casa. Cuando avanzó hacia el interior ya el sol había penetrado, la sombra y el vaivén de la hamaca refrescaban el torso desnudo de  un viejo aregueño cuya reciedumbre física comenzaba a ceder al paso de los años, pero conservaba el optimismo de vivir por siglos para impedir que los maleficios del Diablo de Carora roturaran la fe en la Virgen de la Chiquinquirá, y su pueblo sucumbiera a la ambición de  intereses extraños a sus esperanzas.

-Yo soy el Correo de la Virgen. Desde muy joven recibí la misión de preservar las costumbres, profundizar la fe en sus milagros  y batallar contra el espíritu del mal. Mi primera acción fue constituir una Junta Administradora de sus bienes. Centenares de miles de bolívares ingresan al tesoro de la Virgen. Campesinos humildes descienden de la sierra de Carohana todos los años a pagar sus promesas y hasta  algunos muy ricos, que  ante la desesperación de algunas enfermedades incurables y la cercanía de la muerte vienen a exculpar sus pecados. Después del milagro vienen a traer altas sumas de dinero. Yo he recibido la revelación de invertir ese dinero en obras sociales para beneficio de los más pobres. Ese es su deseo y su mandato, pero han dicho hasta que yo estoy loco. A través de siglos el dinero se lo ha llevado siempre el Diablo de Carora.

Paula no quiso interrumpirlo. Conocía la inclinación del viejo José  a  contar la pequeña historia  de su pequeño mundo. Aregue había sido construido  muy cerca del río, única justificación de su existencia, pero como todos los pueblos ribereños, periódicamente sufría los embates de las aguas desbordadas.

-En Aregue viejo, más cerca del río y de la inundación, fue construido el primer templo para venerarla. El temor a una catástrofe, el temor al río indujo a sus antiguos pobladores a acercarse más al desierto. En la parte alta del pueblo, más lejos del miedo, guiados por la propia Virgen, construimos  el templo definitivo. Ella misma señaló el lugar dónde debería ser ubicada su imagen, que permitiera que miles de personas desfilaran, sin atropellarse, no sólo a colocar el fruto de sus promesas, sino también a contemplar la profundidad de su mirada y confirmar el poder y la verdad de sus milagros.

En las afueras de la Iglesia se  presentó una agria disputa entre varios aregueños y  algunas personalidades influyentes de Carohana,  acerca de la conveniencia del traslado de la imagen a otra Iglesia de mayores dimensiones arquitectónicas, en la que una Junta de feligreses administrara los ingresos de la Virgen.

-No podrán, señora Paula. Ella escogió el lugar del reposo y del encanto. Si la mueven de allí, desaparecerán los milagros. Yo he enfrentado los poderes del Diablo de Carora y de la riqueza. Cuando era un niño presencié su traslado a otro lugar, pero los milagros se quedaban aquí. Allá, la alcancía de la Iglesia amanecía vacía. La propia Virgen se regresó y aumentaron los milagros. Creyeron que yo me la había traído e intentaron nuevamente trasladarla. Cuando la colocaron en el altar de la otra Iglesia, el lienzo y la imagen se habían desfigurado. Llenaron la alcancía haciendo promesas de arrepentimiento. Me vinieron a buscar para que colaborara, pero ya la Virgen había regresado. Los llevé a nuestra Iglesia  y muy asustados la observaron intacta. Corrieron a revisar la alcancía que habían dejado  custodiada por varios vigilantes contratados, y  la encontraron vacía.

Paula oía la voz sonora del viejo José y aunque la invadían algunas dudas, terminaba aceptando como válidas las palabras de un hombre que parecía extraído de las catacumbas antiguas.

-Yo viajé a la Diócesis de Carohana a pedirle al Obispo que no autorizara más traslados de la Virgen y que nos permitiera a los habitantes de Aregue nombrar una Junta para administrar los bienes provenientes de sus milagros a favor de los más humildes. Nos aceptó lo primero y me prometió estudiar lo segundo.

En el interior de la casa del viejo José, varias palomas se arrullan, estimuladas por la alegría de las flores y el ambiente refrescante que emana de un pequeño jardín, embellecido por la intervención permanente de una mano familiar.

-Sin embargo, Paula, nos falta un milagro, el milagro más grande que la Virgen puede hacer para derrotar al Diablo de Carora,  se aclare la conciencia y se ablanden los corazones de quienes distribuyen los dineros que la fe de Aregue y de sus vecinos, depositan en la Iglesia todos los años. Necesitamos una obra pía. Recorra el pueblo y sus alrededores, para que constate lo que le digo.

Cuando salí a la calle, frente a la casa de don José se estacionó un pequeño camión cargado de melones y de su interior bajó un hombre, cargado de años, pero de contextura fuerte, a quien había visto varias veces desplazarse en su vehículo hacia el mercado principal de la región.

-¿Señora Paula, está don José en su casa?

-Sí. Acabo de oírle  expresar su preocupación sobre el futuro de los bienes de la  Virgen, aunque  cree tener un  mandato divino.

-Le traigo un dedo de oro. Me costó casi una carga de melones, pero estoy vivo gracias a un milagro.

-¿Qué te pasó?

-Cuando fui a recoger un melón me picó una culebra que estaba debajo de las hojas. Aterrorizado le  pedí a un campesino medio brujo que me chupara el dedo. En medio de un gran dolor decidí matar la culebra y le ofrecí a la Virgen de la Chiquinquirá de Aregue, un dedo de oro si me alumbraba el camino para encontrarla, única manera de salvar la vida y el dedo, porque otro campesino decía que me lo cortaran. No quería que me llamaran el mocho Miguel y le pedí el milagro. Machete en mano corté ramas y hojas hasta que tropecé con el filo de mi única herramienta con un inmenso rollo de cascabel, lista para volver a arremeter contra mi vida. Me llené de valor, creo que por obra de la Virgen. Y suaz, suaz,  le corté la cabeza. Y santo remedio,  aquí estoy, como si no me hubiera pasado nada.

Miguel Álamo tenía una pequeña parcela en la ribera sur del río Morere, a la  que aprendió a sacarle importantes beneficios con el cultivo de melones. No era muy cristiano, pero creía en los milagros de la Virgen. Se le veía muy satisfecho, casi feliz, con su dedo de oro en las manos. En ese momento apareció don José, después de oír nuestra conversación.

-No. Yo no estoy autorizado para recibir los frutos de los milagros, sino para defender la fe en la Virgen. Espere que venga un sacerdote.

-Vamos a la Iglesia, don José, y se lo depositamos en la alcancía.

-Si la señora Paula va como testigo, lo acompaño.

Abrimos la Iglesia y encontramos la alcancía rebosante de dinero en efectivo y algunos brazos y piernas de plata y de madera. Mientras permanecimos en la Iglesia se acercaron algunos parroquianos, quienes después de rezar incitaron a don José a presidir una asamblea de la comunidad, para resolver el destino del dinero y de los objetos de valor encontrados.

-Hay que llevárselos al Obispo –expresó un anciano casi moribundo.

-Hay que crear un ancianato –dijo otro con cierta ironía.

-¿Por qué no reparamos la Iglesia y contratamos un sacerdote permanente? –preguntó Mamerto, quien hacía de sacristán cuando se oficiaba misa y estaba desempleado desde hacía varios meses.

-Que hable  don José –planteó Paula.

-Elijamos primero una Junta Administradora de los bienes de la Virgen, cuyos integrantes, después de oídas todas las recomendaciones y participarle al Obispo, decida cuáles son los obras sociales que deben realizarse.

Todos asintieron y eligieron al más anciano, don Elías Gutiérrez, Presidente de dicha Junta, un tesorero y una secretaria. Antes de cerrar la Iglesia, para que la Comisión saliera a participarle al Obispo, entró de rodillas un joven campesino, con un cofre lleno de monedas a pagar otra promesa, la Virgen le ahuyentó un león que le comía los chivos. Quince días después de no perder un animal más, calculó el valor de quince chivos y vino a pagar la promesa.

-Vamos Paula a recorrer el pueblo, pero antes mira este cuadro donde aparece la Virgen y a sus pies un  hombre con atuendo de caballero de la época colonial. Este es Cristóbal de la Barrera, socio de la Compañía Guipuzcoana, quien naufragó en su pequeña embarcación frente a las costas de la Capitanía General de Venezuela; abrazado a una tabla fue empujado por las olas hacia tierra firme. Sobre las olas veía la imagen de una Virgen y cuando perdía fuerzas para seguir asido al pedazo de madera, volvía a ver su figura y recuperaba energías. Cuando fue lanzado costa afuera por las olas, no sabía dónde estaba; caminó durante varios días siguiendo la dirección que le indicaba la imagen entre las nubes. Sólo se detenía para tomar agua de algún arroyuelo o ingerir alguna fruta que caía de los árboles lanzada por los pájaros. En su larga ruta por selvas, montañas y desiertos no fue molestado por animales feroces ni por indios guerreros. Agotado por el incesante caminar, vio descender la imagen que lo guiaba a este lugar, llamado Aregue, donde le construyó el primer templo.

En la calle, el viento ejercía su hegemonía total mientras la gente se resguarda en sus casas del  tedio que imponía un sol inclemente. En  medio de una gran soledad todos parecían felices, como si disfrutaran de una paz permanente. Los pocos que se asomaban a las ventanas, saludaban con gestos amables, como si fuéramos amigos de muchos años. En las afueras del pueblo apareció un desierto apenas cubierto por cardones y tunas. Un hombre a caballo, con una piel de león sobre las ancas de su mula, rompió la profundidad del horizonte, nos reconoció y se acercó para preguntarnos si estaba abierta la Iglesia.

-La acabamos de cerrar, después de nombrar una Comisión que administrará los bienes de la Virgen.

-¿A quién le entrego este cuero de puma, que le prometí a la Virgen traérselo para alfombrar su piso o venderlo y llevarle la cantidad de dinero que me paguen por él?

  Rafael Flores, cazador de tigres, pumas y toda clase de depredadores que diezmaban sus rebaños de chivos en los alrededores de Aregue, le prometió a la Virgen llevarle como trofeo el valor o la piel del tigre o puma que cayera en la puntería de su escopeta, para salvar sus animales y preservar su pequeña economía. Pero no le resultó fácil, según su propio relato.

-Estuve varias noches hasta el amanecer en una troja en lo alto de un árbol, frente al único bebedero que nos queda con un poquito de agua, aguaitando la fiera que me estaba matando los chivos. Pero el animal no llegaba. Me acordé de la Virgen y le hice la promesa de alfombrar el piso de  su Iglesia con la piel  del tigre o del puma, que era lo mismo, si aparecía antes del amanecer. Yo siempre esperaba hasta las cinco de la madrugada, cuando comenzaba a clarear me retiraba, porque  a ninguno felino le gusta cazar o beber durante el día. Para ellos es mejor la oscuridad, sus ojos brillantes y salidos les permiten ver más que a los otros animales. Cansado de esperar me bajé unos minutos antes de las cinco y cuando pisé tierra, tenía enfrente, muy cerquita, dos grandes ojos que casi me encandilan. Me volví a acordar de la Virgen y de la escopeta que tenía en la mano izquierda y se me había caído. Se me quitó el miedo, por primera vez sentí miedo de verdad. No es lo mismo estar arriba en el árbol, atrincherado y apuntando por mampuesto, que tener la fiera a pocos metros. En nombre de la Virgen me agaché, tomé mi escopeta y rodilla en tierra apunté al medio de los dos ojos que me servían de blanco, apreté el gatillo y la bala fue directa a la frente del león cuya piel ustedes ven sobre mi mula. Herido se me  vino encima y me creí hombre muerto, pero me protegió la Virgen de la Chiquinquirá. Cuando  me lanzó el primer zarpazo, reculé para accionar la segunda bala de mi escopeta morocha, pero no tuve tiempo de disparar, la fiera se desplomó rugiendo, maldiciendo su impotencia, se le veía en los ojos saltones y en las garras afiladas que apretaba con  fuerza incontrolable hasta romperse su propia piel. Para ayudarlo a morir volví a disparar también en  nombre de la Virgen.         

-Hable con don Elías Gutiérrez, él le compra el cuero y le entrega la plata a la Virgen. Ese debe ser el mismo león que le comía los chivos al campesino que por falta de caballo llegó arrodillado.

El cactus espinoso y reseco, las luces sombrías, el terreno pedregoso dificultaban la caminata. Nos acercamos al templo abandonado del viejo Aregue.

-Ningún sitio mejor que éste para el trabajo creador, para la oración salvadora. Nos hacen falta los servicios esenciales, los que señala la Encíclica “Rerum Novarun”.

-O cumplir  los Estatutos de la Cofradía de la Chiquinquirá de Aregue, redactados por don Chío Zubillaga, que coinciden con la Encíclica de Juan XXIII: “La pertenencia de la Iglesia no es entrada a una isla de bienestar, en medio de un contexto de pobreza”. 

Envuelto en las secuelas de su creencia, en la utopía de su misión, el viejo José vio transcurrir los días, refugiado en el templo, aferrado a enfrentar el pasado y abrirle a Aregue un camino distinto, hasta que sintió que el vigor físico se le escurría por los pies. No pudo visitar más al Obispo, pero creyó vencer al Diablo de Carora, sólo podía arrodillarse para rezar, hasta que se quedó postrado.  El día que se enteró que la Junta Administradora de los bienes de la Virgen, antes de ser autorizada por la jerarquía eclesiástica, había otorgado una beca al alumno más destacado del sexto grado de la escuela primaria, para que continuara estudios en el liceo, decidió despedirse de su mundo, feliz, se había cumplido parcialmente su misión. Quería confesarse, pero no había sacerdote. Sobrevivió por tiempo indeterminado a la espera del confesor, resistió los embates de varias enfermedades que le nublaron la vista y le obstaculizaron el oído, hasta que regresó Segundo Pérez, graduado de médico. El primer becario de los bienes de su Virgen lo visitó en su lecho de enfermo.

-Ni un milagro lo salvará –le expresó a Paula.

-¿Qué hacemos, doctor?

-Yo soy ateo, pero no acepto que nadie se meta con la Virgen. ¡Confiésalo!

 A falta de un sacerdote, Paula le extendió los Santos Óleos.  

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Entrevista imaginaria a don José Gutiérrez
WILLIAM VILLANUEVA

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Dándose mecidas en su hamaca, encontramos a don José Gutiérrez, en su casa de la otrora polvorienta calle, que nos recuerda con su nombre al único aregueño que se alistó en las luchas por la independencia: Teniente Andrés Pineda. Don José me mira, empequeñeciendo sus ojos, con aire de cierta picardía, casi infantil, mostrándome su agradecimiento por la visita. Oigo su voz calmada, expresando sus preocupaciones y las diligencias que ha hecho en pro de este mariano pueblo.
_ Mi mayor aspiración es ver el progreso de Aregue-apunta- mientras se sienta en una cómoda silla de cardón- Es de esta manera, luchando como he conocido la ineptitud de los gobernantes. Rememora, con mucha lucidez, para ilustrar el valor de la decencia, el hecho que un aregueño honesto y preocupado, el Dr. Pedro Nolasco Pereira, en tan sólo ocho meses en la Presidencia del Estado Lara, logró, sabiendo administrar, ahorrar un millón de bolívares, “por aquellos días esos días eso era una platá muchacho”. Pensó el Dr. Pereira -explica don José- aprovechar la mejoría del presupuesto para ejecutar obras de significante importancia como la construcción de acueductos, perforaciones de pozos e instalación de molinos para abastecer de agua a los pueblos larenses, con especial atención, a los torrenses. Dicho gesto, hidalgo, su decoro, su honestidad, le valió la admiración y reconocimiento de don Chío Zubillaga, quien cuestionaba al Dr. Pereira como seguidor que era de los Sigalas, y como tal tenía dudas de su buen desempeño en dicho cargo. “Antes de él y después ha sido vacilante la actitud de quienes han gobernado el suelo larense, aún cuando llegará el momento que fastidiados ya de uno tengan que favorecernos en nuestras peticiones”. Por ejemplo-Dice don José-al recordar sus inquietudes por la juventud y el progreso- Yo tengo una gran fe en que en un futuro la educación integral para los jóvenes campesinos sea una realidad con el desarrollo de proyectos de escuelas granjas que vinculen a los pobladores del campo a su propio terruño. ¿Sabes el daño que sufrimos por el éxodo a la ciudad? es gravísimo! El impulso que le darían estas escuelas nos harían un gran favor llenando de bienestar la geografía venezolana. Continuando con su amena platica, porque es buen conversador el entrevistado, generando agudos comentarios y preguntas interesantes, como ¿Qué ayuda nos proporcionaría el Río Morere de no persistir su contaminación? No dejamos de sentir un dejo de doloroso desencanto porque no hubo el más somero análisis para cometer el acto criminal de arrojar las aguas negras al “hilo de miel de perezoso curso” como lo llamó el poeta, degenerando en daños irreversibles, su contaminación permanente, la erosión de sus márgenes, el exterminio de sus peces y el desaprovechamiento parcial de sus aguas; agravándose la situación del río- dice don José-por su represamiento por parte de terratenientes sin escrúpulos; lo que indudablemente perjudica los sembradíos de hortalizas de las parroquias Camacaro y Chiquinquirá, al no correr en cantidad aceptable las aguas por su cauce. Chío Zubillaga-indica don José, “veía en el Morere un potencial de primer orden”-llegándome a comentar en una oportunidad que la utilización de sus aguas, debidamente tratadas, para el consumo humano, sería una solución contundente para la sed de algunos pueblos como Aregue; con canalizaciones y la aplicación de la tecnología. Pero la falta de visión y respeto por la naturaleza por parte de los godos caroreños impidió fuese una realidad la genial idea de don Chío Zubillaga. Concluimos esta breve entrevista con un axioma o verdad tangible o notoria-según don José, que casi todos los godos o ricos caroreños son la “encarnación” del mismo demonio, por su amor tacaño al dinero y casarse entre parientes. De lo que después de sopesar lo dicho por él no puedo aguantar la risa por la manera chispeante como lo expresa don José.

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POEMA A DON JOSÉ

AUTOR: LUIS RODRÍGUEZ QUINTERO


Fuente de sabiduría
idealista, luchador social
del pueblo de Aregue
era su defensor
legado que nos dejaste.

Justo y recto proceder
orgulloso de su protectora
se hacía llamar
el Correo de la Virgen.

Gritaba con vehemencia
una y otra vez
todo el tiempo
invitando a luchar
el agua era su clamor
reclamaba su justo valor
restauremos su gran ideal
empecemos a luchar
zorrocloco, árbol que debemos rescatar.

Alcemos la voz de protesta
presentes, todos a luchar
ondeando nuestro tricolor
necesario es luchar y vencer
tiempos de unión
el Quijote aregueño, al frente.
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JUAN PÁEZ ÁVILA, Carora 1.934.

Periodista y escritor, Profesor titular de la Universidad Central de Venezuela, en la que ejerció la Dirección de la Escuela de Comunicación Social, ganador del Premio Nacional de Periodismo y de los Concursos de cuentos del diario El Nacional y de la Dirección de Cultura de la Universidad Santa María; obtuvo también el Premio Municipal de Literatura del Distrito Federal con la Biografía sobre el pensador caroreño Chío Zubillaga caroreño universal. Libros: Viendo pasar el siglo, Crónica de una utopía, Viaje a la incertidumbre, Atarigua y otros relatos de Carohana. El cuento El Correo de la Virgen pertenece a su libro Atarigua y otros relatos de Carohana. 
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LUIS RODRÍGUEZ QUINTERO, Carora, 1.946. 

 
Educador Jubilado. Cronista Popular, tiene una numerosa recopilación histórica sobre la comarca aregueña, poemas y diversos escritos inéditos, labor por la cual fue reconocido por el Ateneo de Carora con el Premio Nacional de Cultura Popular. Es miembro fundador del Vía Crucis Viviente de Aregue, Patrimonio Cultural del Municipio Torres; y de la Junta Ambientalista del Municipio Torres. 

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WILLIAM VILLANUEVA, Carora, 1.963. 

Cronista Oficial de Aregue. Poeta, escritor. 
Autor de Mi Sed Continua, poemas, publicado por Editorial Berkana 1.999: Tinglado de Rostros, 2017, Cuentos, versión digital. Ha sido columnista y colaborador del Diario de Carora; El Impulso; El Diario El Mío, El Diario de Lara y El Caroreño. Su obra además ha sido publicada en el Diario ultimas Noticias, del cual es Miembro del Consejo de Lectores en Línea; en el Diario El Clarín de la Victoria, y en Revistas literarias como la Revista la Casa de la Fragua, del Estado Mérida.


lunes, 30 de noviembre de 2020

FRANCISCO DE MIRANDA Y EL CANAL DE PANAMÁ



FRANCISCO DE MIRANDA Y EL CANAL DE PANAMÁ 

Arnulfo López Escobar











El Sistema de Editoriales Regionales (SER) es el brazo ejecutor del Ministerio del Poder Popular para la Cultura para la producción editorial en las regiones, y está adscrito a la Fundación Editorial El Perro y la Rana. Este sistema se ramifica por todos los estados del país, donde funciona una editorial-escuela regional que garantiza la publicación de autoras y autores que no gozan de publicaciones por las grandes empresas editoriales ni de procesos formativos en el área de literatura, promoción de la lectura, gestión editorial y aspectos comunicacionales y técnicos relacionados con la difusión de contenidos. El SER les brinda estos y otros beneficios gracias a su personal capacitado para la edición, impresión y promoción del libro y la lectura y el estimulo a la escritura. Y le acompaña un cuerpo voluntario denominado Consejo Editorial Popular, cogestionado junto con el especialista del libro del Gabinete Cultural Estadal y promotores de literatura de la región. 




FRANCISCO DE MIRANDA Y EL

CANAL DE PANAMÁ

Viajero ilustrado

Don Sebastián Miranda Ravelo llegó a Caracas, Capitanía General de Venezuela en 1740. Provenía de las Islas Canarias. Era comerciante, vendedor de telas. Pero un día como suele ocurrir con los caballeros andantes, conoció a la bella muchacha caraqueña de descendencia portuguesa Francisca Antonia Rodríguez Espinoza, de quien luego se enamora y más tarde se casaron en 1749.

Ambos formaron el hogar y de ese matrimonio que duró 30 años nacieron sus hijos 1) Sebastián Francisco, 1750; 2) Ana Antonia, 1751; 3) Rosa Agustina, 1752: 4) Micaela Antonia, 1753; 5) Miguel Francisco, 1754; 6) Javier, 1755; 7) Francisco Antonio, 1756; 8) Ignacio José, 1757; 9) Josefina Maria, 1760 y 10) Josefina Antonia, 1764.

El niño Sebastián Francisco, quien a posteriori sería precursor de la independencia de Venezuela y de Hispanoamérica, concurre a su escuela primaria hasta los 12 años en el Real Colegio Seminario de Caracas, donde obtuvo su título de sexto grado en 1762. Más tarde culminó su bachillerato en la Real Pontífice Universidad de Caracas en 1764, adquiriendo conocimientos humanísticos, incluyendo algunas nociones elementales de idiomas extranjeros. Tiempo después los perfeccionó en el Viejo Continente.

En 1770 Miranda tenía sus 20 años, cuando a su padre lo designaron como capitán de los fusileros de la Compañía de los Blancos Isleños, lo que trajo como consecuencia el descontento y el repudio de parte de algunos llamados Patricios de la Capitanía General de Venezuela y miembros del Cabildo de Caracas, quienes en su mayoría eran mantuanos (grupo social de buena posición económica) que consideraban a los isleños como gente no grata por su oficio y por lo que no eran dignos para ejercer estos cargos.

El ambiente, lleno de problemas políticos y sociales reiterantes en esta colonia española de aquellos días, incomoda al joven Miranda y por ello decide abandonar su país, hermanos y amigos. Se va para España la tierra de su padre en 1771. Más nunca sus padres lo volverán a ver. Durante su estancia en Europa fallece su padre el 1º de junio de 1791, pero de la muerte de su madre no tenemos la fecha precisa.

La mayoría de los países que el precursor recorrió eran de tradición protestante, tales como Inglaterra, Alemania, Holanda, Suiza, Australia, Dinamarca, Noruega, Norteamérica, entre otros. Por lo que sus proyectos universales fueron influenciados en ese ambiente cultural protestante, donde los principios de libertad individual e igualdad fueron vertidos por la pluma de los reformadores del siglo XVI en beneficio de la humanidad, dos siglos antes de la Revolución Francesa (1789).

Además, muchos de los libros con los que Miranda llegó a documentarse de la realidad de su época, eran considerados prohibidos por la Iglesia de Roma. En su mayoría eran obras de los filósofos franceses denominados enciclopedistas o ilustrados, quienes renegaron del dogma católico por el abuso de poder y de corrupción del Gobierno francés, que con la misma situación del libertinaje y de inmoralidad caía y participaba la Iglesia Católica Romana y Vaticana de Francia. Por lo que los ideólogos franceses (Diderot, Voltaire, Rousseau y otros) comenzaron a publicar una serie de artículos contra la fe histórica del cristianismo en 1751, y estas publicaciones fueron prohibidas en 1759. Así que cuando Miranda llegó a Europa todos estos escritos ya se habían suprimido.

En consecuencia de todo esto surgió la Revolución Francesa (1789), fraguada en el humanismo ateo y que a su vez ocasionó el liberalismo ateo en el catolicismo romano. Debido a esta razón, cuando Miranda retornó a Venezuela en 1806 en su intento de liberarla del imperio español, los clérigos católicos consideraban que era ateo y traidor al Rey Carlos III de España. En verdad, nunca fue ateo y tampoco religioso en el sentido de que no participó con la ideología romanista dominante de su época.

No obstante, sobre éste, el más universal de los venezolanos se ha escrito muchas obras literarias. Inclusive se han escrito tesis de doctorado en historia en relación con su vida; pero tampoco se ha dicho entre otras cosas como por ejemplo su vinculación con el protestantismo evangélico de la época, ya que en ese ambiente europeo se proyectó su visión. En este breve ensayo, entre los demás datos de la historia que ya conocemos como su participación en la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos de América y la Revolución Francesa, analizaremos nuevas investigaciones suministradas en la historia contemporánea de Venezuela.

 

Cuando el águila cantó en su mástil por Venezuela

“Juro ser fiel al libre pueblo de Sur América, independencia de España, y servirle honesta y lealmente contra sus enemigos y opositores y observar y obedecer las órdenes del supremo gobierno de este país legalmente constituido y a las órdenes del General y Oficiales superiores a mí”

Francisco de Miranda,

Jacmel, Haití, 24 de marzo de 1806.

Sobre la bandera que trajo Miranda desde Haití en el buque “Leander” con la tripulación extranjera, con un buen equipado de 18 cañones y más de 30 piezas de artillería, existe actualmente mucha discusión en la historia de Venezuela.

No sabemos verdaderamente cuál es la bandera que traía. Se cree que traía muchos estandartes para cada ocasión. No hay prueba que nos garantice y resuelva este problema, ya que el precursor de Hispanoamérica no dejó escrito en ningún documento. No obstante, la mayoría de los historiadores aceptan la que conocemos como tricolor patrio sea este el que se acerca más en su confiabilidad.

El estandarte que utilizó el primer movimiento emancipador en 1797, como símbolo del pendón sagrado en honor de la patria contenía cuatro estrellas, puestas sobre una franja horizontal azul, representando a las provincias de la antigua Capitanía General de Venezuela en el centro (Caracas, Cumaná, Guayana y Maracaibo); y además, había un sol resplandeciente colocado allí, que expresaba el mensaje de la libertad, igualdad y justicia desde el altar de la patria; y así mismo los cuatro colores primarios de arco iris, amarillo, blanco, rojo y azul en cuatro franjas verticales significando las cuatro clases existentes en la Venezuela colonial: blancos, pardos, negros y pueblos autóctonos u originarios.

Esta bandera original nunca llegó a cumplir su misión de protagonismo emancipador. Fue hasta cuando apareció Don Francisco de Miranda que dio a conocer el emblema sagrado de la patria con todo su esplendor en el mástil principal del buque “Leander” en la rada de Jacmel (Haití), el 12 de marzo de 1806. Aunque verdaderamente el pabellón nacional fue izada por primera vez en las costas venezolanas de Ocumare de La Costa (Estado Aragua) el 27 de abril de 1806 y luego en el fortín de San Pedro y San Pablo de La Vela de Coro (3 de agosto de 1806); y esta última fecha es la que actualmente se ha establecido como el Día de la Bandera de acuerdo con el decreto presidencial de Hugo Rafael Chávez Frías, en 2006 con motivo del bicentenario del regreso de Francisco de Miranda a Venezuela.

Anteriormente en Venezuela era el 12 de marzo que se había escogido para celebrar el Día de la Bandera por decreto del entonces Presidente de la República Rómulo Betancourt, el 3 de julio de 1963. Pero antes que todo esto, la de saludo y respeto a la Bandera Nacional fue decretado el 22 de junio de 1942 durante el

Gobierno de Isaías Medina Angarita, con la creación de la Ley de Bandera, Escudo e Himno Nacional. Para ese entonces la bandera tenía siete estrellas como lo fue hasta hace poco. Pero las siete estrellas siempre representaron a las provincias que suscribieron el Acta de Independencia de 1811, las cuales eran Caracas, Cumaná, Barcelona, Barinas, Margarita, Mérida y Trujillo.

Desde los días del Gobierno Federal (17 de marzo de 1817), es decir, durante la guerra de independencia, se ha decretado el uso de las siete estrellas en la franja amarilla a la bandera en armada venezolana. Sin embargo, la Bandera Nacional siempre ha sufrido modificaciones por las mismas circunstancias históricas que ha transitado el país.

El Libertador Simón Bolívar en el Congreso de Angostura (hoy Ciudad Bolívar), promulgó un decreto que en vez de siete debían ser colocadas ocho estrellas en la bandera en honor a la provincia de Guayana que fue liberada en 1817.

Este pronunciamiento lo hizo el 20 de noviembre de 1820. Sobre este tema se ha suscitado la polémica entre algunos historiadores. Dado que este decreto solamente estuvo vigente hasta 1821. No obstante, notamos en la historia que en la Villa del Rosario (Cúcuta, Colombia), donde fue convocado el Congreso General, se firmó el acuerdo de sustituir las “octavos estrellas azules” por el escudo de Nueva Granada (Venezuela, Colombia y Ecuador), lo cual permaneció hasta la disolución de la Gran Colombia en 1830.

En términos generales, desde la vida republicana siempre se ha aceptado las siete estrellas con los mismos colores primarios, salvo en el período de la revolución federal en donde se admitieron veinte estrellas en la franja amarilla, representando los estados del país, en Barinas en el 1859. Esa misma bandera decretada por el Primer Congreso Constituyente del 5 de julio de 1811 fue tremolada oficialmente en el cuartel San Carlos de Caracas y en la plaza Mayor (hoy plaza Bolívar), el 14 de julio de 1811.

Actualmente la Asamblea Nacional (AN), de acuerdo con la Gaceta Oficial Número 38.394 reformuló la Ley de Bandera Nacional, Himno y Escudo de Armas de 1954, el jueves 9 de marzo de 2006, la adición de la octava estrella al pabellón tricolor para representar a Guayana, según era el deseo del Padre de la Patria. Esta solicitud fue hecha por el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Rafael Chávez Frías, desde hacía tres meses. De manera que con esta nueva presentación del emblema nacional esta vez tenemos ocho estrellas y más el caballo que mira a la izquierda y no para atrás en el Escudo de Armas, simbolizando el Estado Libre y soberano de la patria grande que es Venezuela.

Miranda en Ocumare de la Costa

La primera expedición de Francisco de Miranda fue a través de Ocumare de la Costa entre los días 26, 27, y 28 de abril de 1806. Dicha población pertenece actualmente al Municipio Costa de Oro del Estado Aragua, capital de Maracay, situada a 120 kilómetros de Caracas, Distrito Capital, D.C. Nunca me he olvidado de esta bella ciudad central, Jardín de Venezuela.

Fue allí donde yo llegué por primera vez a Venezuela cuando venía de Panamá, el 18 de septiembre de 1978, para estudiar teología en el Seminario Evangélico Asociado. Su distancia es de 43 kilómetros de Maracay, está rodeada de hermosas playas de la bahía de Cata y de cocoteros, que me hace recordar mi terruño del archipiélago de AbiaYala o las islas Mulatas en el mar Caribe panameño. También está cubierta de las Selvas de Rancho Grande, cuyo nombre no se me olvida por el campamento de las Iglesias Evangélicas Libres de Venezuela (ADIEL) instalado allí. Así mismo se observa el bello paisaje de los Valles de Aragua, donde está ubicado el primer parque nacional Henry Pittier, decretado en 1937 durante la administración Pública del General Eleazar López Contreras.

Precisamente, Miranda llegó a este lugar en su expedición libertadora, a bordo de su buque “Leander” con un cargamento de 18 cañones y una imprenta (comprada en Nueva York, el 30 de enero de 1806) para la proclamación de la independencia, desde que zarpó del puerto de Jacmel (Haití), el 28 de marzo de 1806 hacia Ocumare de la Costa. Ese día Miranda cumplía los 56 años de edad y a su vez tenía 35 años de la ausencia de Venezuela. Era prácticamente una persona desconocida. Además, le acompañaban dos goletas o flotillas, Bee y Bacchus, adquiridas en la isla de Santo Domingo, con la tripulación de 200 hombres de nacionalidades extranjeras, incluyendo cinco impresores: Milles I. Halt, John H. Sherman, Robert Saunders, John M. Elliot y Henry Ingersolt.

Trató de emancipar a Venezuela y el resto de América del Sur del imperio español. Entró a las aguas territoriales de Venezuela el día 26 de abril. El 27 por la noche se preparan para ese desembarco y en ese intento por la madrugada del día 28 en Ocumare de la Costa fueron sorprendidos y atacados por los guardacostas españoles con cañones y artillerías. Miranda y su pequeño ejército trataron de defenderse, pero no pudieron, ya que los buques de la armada española eran superiores en su equipo militar de lo que él no se imaginaba.

En ese cruce de cañones Miranda perdió sus dos flotillas que fueron apresadas. Así mismo sus 60 hombres fueron sentenciados a muerte en distintas formas y 10 de ellos ahorcados. Según se relata que la mayoría de estos hombres que llevó

Miranda nunca comprendieron verdaderamente cuál era su misión por la cual navegaban, dado que ellos al parecer sólo buscaban su supervivencia, es decir, sueldos.

Todo esto se debía a que el Ejército español acantonado en Puerto Cabello (hoy Estado Carabobo) vigilaban las costas de Ocumare de la Costa, por cuanto ya el capitán general realista residente allí, Manuel de Guevara Vasconcelos había recibido la información por parte del funcionario del Gobierno español en E.U.A., Marqués de Casa Irujo, que Miranda en su incursión militar se dirigía a Venezuela.

Así que Miranda y el resto de sus fieles soldados tuvieron que huir y abandonar a Ocumare de la Costa, refugiándose en las islas Antillanas inglesas, primero en Grenada, luego en Barbados y finalmente en Trinidad (24 de junio 1806).

Sobre todas estas circunstancias el precursor de Hispanoamérica nunca se doblegó ni se desanimó, de manera que esta expedición por no haber cumplido su propósito no se puede denominar de fracaso ni derrota, como lo interpretan la mayoría de los historiadores e investigadores. Porque de lo contrario el no hubiese hecho el siguiente viaje a La Vela de Coro y con el mismo espíritu visionario que se reflejó en su vida continuó con los planes que él ya había trazado. Por cuanto tenía mucha fe y puso confianza en el Dios de la esperanza de que algún día iba a ver libre el Continente Américo-Colombiano.

Comprendemos que lo determinado por Dios en los signos de los tiempos no se llama fracaso, sino que el hombre debe mantenerse en silencio para los futuros acontecimientos, eso fue lo que Miranda hizo cuando retomó a Inglaterra, esperar lo que había de venir, es decir, la Declaración de la independencia de Venezuela.

Miranda en La Vela de Coro

Miranda y su tripulación después de escaparse en las islas del Mar Caribe permanecieron allí por un espacio de un mes, es decir, hasta el 25 de julio, para volver al territorio venezolano que le había arrebatado España.

Esa misión aparentemente imposible algún día tenía que ceder. Esa “tierra de gracia” llena de perlas y riquezas usurpadas e invadidas desde un principio por el Almirante italiano Cristóbal Colón en 1498 y los Reyes Católicos, tenía que ser devuelta a sus propios dueños.

Con esos ideales, Miranda prosiguió su ruta, tras haber reforzado y reorganizado su operación militar no para invadir a Venezuela como la interpretan muchos historiadores, puesto que ya estaba invadida desde hacía 300 años, sino más bien para capturar o reconquistar a su patria.

Esta vez Miranda ya no estaba a bordo del Leander con 18 cañones, sino a bordo del Lily con 24 cañones para despistar a las fuerzas navales españolas. Eran 500 hombres que en esta ocasión le acompañaban en ese viaje las 11 nuevas flotillas: Express, con 12 cañones; Alternative, con 14 cañones; Provost, con 10 cañones; Bulldog, Dispatch, Mastiff, con 2 ó 3 cañones; Trimimer, Comodoro Barry y Sane (¿?).

Después de ocho días de navegación llegaron al Golfo de Coro, 9 millas a la Bahía de La Vela, el 2 de agosto de 1806; y al día siguiente, esto es, 3 de agosto, desembarcan en las costas de La Vela de Coro. Hacen intercambio de disparos al pueblo, para despertarlo y motivarlo, para que le apoyaran a enfrentar a los realistas. Pero no consiguen a nadie, salvo a algunos enfermos en sus hogares, niños y mujeres.

La población estaba desolada, la mayoría se marchó y se refugió en alguna parte. Por no hallar la resistencia de los colonos españoles, toman el Fortín de San Pedro y enarbolan la enseña sagrada por primera vez en suelo venezolano.

Transcurridas las horas, siendo ya las diez de la noche, se dirigen al oeste de La Vela, que es la ciudad de Coro donde continuaron izando la bandera tricolor con todo su fulgor. Allí estuvieron diez días entre el puerto de La Vela, localizada a 12 kilómetros de la ciudad de Coro.

Por no lograr el apoyo de la gente, retornan a La Vela por la madrugada (10 de agosto de 1806). Siendo ya la noche del día 13, se preparan de nuevo para reembarcar y se despidieron de La Vela el 14 de agosto. Navegaron otra vez hacia las islas del Caribe, llegando a Aruba el 19 de agosto y zarparon a Barbados el 27 de septiembre. Un mes y cinco días duró su viaje a Aruba, es decir, hasta el 1º de noviembre cuando llegó a su puerto. De allí otra vez se fue de viaje a Trinidad y llegó el 9 de noviembre, donde estuvo hasta que regresó definitivamente a Londres en diciembre de 1807, es decir, más de un año permaneció en dicha isla caribeña.

De esta manera los hechos de la historia confirman a la burguesía venezolana como una “élite de cómplices” formada por la nobleza criolla que rechazaba el concepto de independencia y que esa idea la sembró en la conciencia de las masas populares, ya que era dueña de muchas propiedades donde generaba la economía. Prácticamente era amo de Venezuela. Así que el pueblo generalmente dependía de esos pequeños ingresos y a su vez estaba supeditado a su sistema político. Y además, el Obispo de Mérida, Santiago Hernández Milanés (1750 – 1812) mantenía al pueblo con la opresión espiritual que “éste tal Miranda” era ateo y enemigo de Dios y que el Rey Carlos III actuaba por derecho divino, por lo que era un hereje e infiel y prófugo de la Inquisición española. Tal inquisición fue instalada en los días del Papa Sixto IV en 1478. Era un tribunal disciplinario de represión, de tortura y de ejecución a la hoguera para los que no se sometían al dogma católico. Aunque este Tribunal Supremo llamado por la historia equivocadamente como Santa Inquisición data de la Edad Media cuando fue autorizada por primera vez en el período papal de Alejandro III en 1163.

Miranda, 19 de abril de 1810

“Caraqueños, otra época empieza..” (D. Andrés Bello, humanista y gramático venezolano, 1781-1865).

Estas palabras se referían a los sucesos pocos días después del 19 de abril de 1810. Históricamente se conoce esta fecha patriótica como Declaración de Independencia de Venezuela. Sin embargo, no se llevó a efecto tal declaración desde el punto de vista jurídico, sino hasta el 5 de julio de 1811, el día en que se firmó el Acta de la Independencia. Este importante gesto ocurrido es el primer paso que da el Cabildo de Caracas cuando destituyeron al capitán general de la Provincia de Venezuela de aquel entonces, Vicente Ramón Emparan, quien había sido antes gobernador de Portovelo (costa caribeña de Panamá) en 1789, lo que luego conduciria el proceso independentista de 1811.

En este sentido, es correcta su interpretación de que fue una prefigura o prehistoria sobre los eventos del futuro. Precisamente, eso es lo que observamos en esta escena histórica. Las diversas manifestaciones públicas ocurridas en el Cabildo de Caracas tras el depuesto Rey de España Fernando VII, (tras la invasión de la nación ibérica en 1808 por parte de Napoleón Bonaparte de Francia) indicaban una señal evidente de que hasta allí llegaba la Venezuela colonial.

Esta antigua Capitanía General de Venezuela (Caracas, Cumaná, Guayana, Maracaibo y las islas de Margarita y Trinidad), título territorial concedido por el Rey de España Carlos III en 1777, se encontraba en contradicciones y profundas divisiones en cuatro sectores, a saber: 1) los blancos peninsulares (españoles de las islas Canarias), quienes controlaban todo el sistema político y era un grupo minoritario, racista 2) los mantuanos, conocidos también como los blancos criollos (nacidos en Venezuela y América), los cuales eran grandes productores y propietarios de café, cacao, ganadería, entre otros, cuya fuerza laboral no tenía mayor progreso y su desarrollo era muy decadente por los intereses y monopolios impuestos por España; 3) la nobleza, pertenecía a la clase criolla, herederos y ricos de nacimiento, tales como Simón Bolívar, José Félix Ribas y otros que provenían de la clase media y en su vida cultural había repercutido enormemente los ideales de la Revolución Francesa, nacionalista y espíritu patriótico; 4) y los pardos, negros, mestizos, mulatos y pueblos originarios que formaban la población numerosa, pero sin privilegios y favor alguno y este último grupo lo llamamos en teología autóctona latinoamericana y caribeña los ausentes de la historia, excluidos y subcultura. Y además, nunca olvidemos, siempre tengamos en cuenta que en toda la sociedad venezolana, al igual que el resto de Latinoamérica la ideología romanista repercutía en su ámbito cultural como lo es actualmente. La Iglesia Romana se oponía al pensamiento progresista. Desde un principio persiguió a Miranda en España. Cuando Cristóbal Colón llegó a Venezuela en su tercer viaje por las costas de Macuro en el oriente del país (2 de agosto de 1498 ó 1499) a la que llamó “Tierra de Gracia”, su territorio fue repartido en el siglo XVI y convertido en negocio de este mundo mediante el sistema de encomiendas hecho por el Papa Alejandro VI a los Reyes Católicos.

Así estaba la situación y la crisis en la Venezuela colonial, envuelto en ello todos estos problemas sociales, políticos, económicos y religiosos. Dado que no existía consenso general en cuanto a la emancipación de Venezuela.

Transcurridas las horas, al anochecer las autoridades venezolanas establecieron un nuevo gobierno escogiendo a los dos alcaldes José de Llamozas y Martín Tovar Ponce como presidentes del Cabildo y Ayuntamiento de Caracas. Con estos nuevos directivos y demás oficiales electos quedó conformada la Junta Conservadora de los Derechos del Rey Fernando III, es decir, defendían la Monarquía española aparentemente. Pero solamente duró poco tiempo hasta que definitivamente fue consolidada la proclamación de la independencia de Venezuela el 5 de julio de 1811.

Cuando todo esto sucedía Miranda se encontraba en Inglaterra. Desde que volvió en 1807, dedicado a su trabajo de escritor editando el periódico “El Colombiano”, para informarle al Viejo Mundo toda la injusticia y el genocidio que la Corona española cometía en el Nuevo Mundo. Se sostiene que su última publicación fue el 15 de mayo de 1810.

Miranda de vuelta a Caracas (13 de diciembre de 1810) desde que Andrés Bello, Simón Bolívar y Luís López Méndez le visitaran en Londres en misión diplomática a favor del proceso de la independencia de Venezuela y de Suramérica.

Luego vemos a Miranda enarbolando el Pabellón Nacional que él mismo había diseñado en 1806 en la plaza Mayor de Caracas (hoy plaza Bolívar). En dicho evento realizado con motivo del primer aniversario de la gesta revolucionaria del 19 de abril de 1810, Junto con la multitud que le acompañaba, al ritmo de la canción de Caracas de la letra de Vicente Salías y del músico Juan José Landaeta.

Hoy se conoce como el Himno Nacional de la República Bolivariana de Venezuela “Gloria al bravo pueblo” decretado el 25 de mayo de 1881 por el presidente Antonio Guzmán Blanco. Sin embargo, las últimas investigaciones sugieren que la letra de este himno perteneció a Andrés Bello y la música de Lino Gallardo, pero en todo caso aún no es oficial.

Miranda, 5 de julio de 1811

“Solo siendo un país independiente nos ganaremos el respeto y el apoyo de otros Estados” (Francisco de Miranda, en el Primer Congreso de la República de Venezuela, 1811).

La Junta Suprema de Gobierno constituido en el Cabildo Municipal de Caracas (19 y 24 de abril de 1810) con sus dos presidentes y veintiún vocales y las demás autoridades civiles y militares, era autonomía propia que buscaba Venezuela. Por lo que verdaderamente la primera fundación de la República se inicia a partir del 5 de julio de 1811.

Desde un principio, el Congreso Constituyente ya estaba dividido por dos sectores: el oficialismo y la oposición. El grupo que lideraba Francisco de Miranda y la Sociedad Patriótica exigían la independencia de Venezuela del “yugo español”, a quienes llamaremos el oficialismo y partidarios de un nuevo Estado libre y soberano. Entre tanto había otro grupo que vacilaba y asumían pasiones políticas en tolerancia para con los españoles y por lo que se mostraban indecisos para apoyar la causa revolucionaria. A estos individuos se les conoce en la historia como los “mantuanos”, que eran descendientes de los blancos peninsulares, aunque en un principio, aparentemente deseaban la ruptura definitiva con este enclave colonial.

A esto, en cierta ocasión el Libertador Simón Bolívar les refirió: ¡Vacilar es perderse! A estos “mantuanos” no les agradaba Miranda, incluso el “Nuevo Gobierno” instalado un año antes estaba controlado por ellos. Sin embargo, el Congreso constituyente reunido del 5 de julio de 1811, siempre consiguió el apoyo de la mayoría a favor de la declaración de la independencia de Venezuela. Se firma el Acta de Independencia a la que Miranda también firma y se adopta el emblema nacional, la misma bandera que Miranda alzó en La Vela de Coro en 1806.

Así comienza la guerra de independencia con las siete provincias que apoyaron la independencia, Caracas, Cumaná, Barinas, Margarita, Barcelona, Mérida y Trujillo.

España no podía estar conforme con esta declaración de Venezuela. Desde las islas del caribe, Puerto Rico y Cuba, sus fuerzas armadas acantonadas vinieron sobre Venezuela. En todas las provincias de Venezuela los españoles y sus sacerdotes realistas se dedicaron a organizar motines y revueltas contra el surgimiento de un nuevo Estado en la colonia. La ideología conservadora de la teología dominante, adicta al catolicismo, también influía en la conciencia del pueblo como una estructura de la sociedad, manteniendo contra aquellos que los frailes también llamaban “infieles”. En esa situación difícil y comprometedora para la Nueva República se encontraba el Cabildo de Caracas, débil y desorganizado en toda su coyuntura social y política, dado que dentro de la Junta Suprema de Gobierno dominaban las contradicciones e ideas contrarrevolucionarias de parte de los “mantuanos”, al igual que los blancos peninsulares, nefastos en sus pensamientos.

Con esa ideológica confusión la Junta Suprema local escogió a Marqués del Toro (Francisco Rodríguez del Toro) como encargado de enfrentar a los realistas que se alzaron en Coro, al igual que Maracaibo y Guayana de no reconocer la proclamación emancipadora.

Se equivocaron al confiarle el Ejército de la República a El Marqués del Toro (17 de agosto de 1811), que al principio representó la ausencia de decisiones por su carácter vacilante. Esto fue lo que llevó a su primer fracaso en Coro y luego en Barquisimeto. Como resultado trajo miedo, desacato y deserciones en la fila republicana. Posteriormente, el Marqués del Toro dejó caer a Valencia de sus manos.

En ese estado de sitio, ocurre el terrible terremoto de Caracas y mueren más de 10 mil personas, a las 4:07 p.m., del 26 de marzo de 1812. Los sacerdotes católicos echaron la culpa a los patriotas por la guerra de independencia y que esto era un castigo de Dios por desobedecer a la Monarquía española. Pero el Libertador, habiendo oído esto se subió a la azotea de la Iglesia de San Jacinto y manifestó lo siguiente: “Sí la iglesia católica se opone lucharemos contra ella y haremos que se respete la voluntad del pueblo”. Sobre este lenguaje proverbial del Libertador ha habido varios comentarios. Hay quienes piensan que se trataba de la Iglesia Católica Romana y Vaticana por su oposición, otros sostienen que se refería a España que obviamente representa al catolicismo, sin duda alguna. Sin embargo, hay quienes se han atrevido a decir que el Libertador era un ateo por estas declaraciones hechas, pero sabemos por la misma historia que esto nada es cierto, ya que el Padre de la Patria en muchos de sus incidentes siempre les animó a los patriotas que si confiaban en Dios obtendrían la victoria.

Por este mal entendido ocasionado las predicas de los sacerdotes católicos contrarias al movimiento emancipador el nuevo Gobierno naciente tuvo que expulsar a los arzobispos Coll y Prat.

Miranda, 5 de julio de 1811

Pasado ya el tiempo de esa tragedia, ocasionada por el sismo de Caracas, la Junta Suprema de Gobierno designa a Miranda como generalísimo de los Ejércitos de la República (23 de abril de 1812), cuando la nación se encontraba en su estado crítico y desesperante. A fin de intentar salvar la Primera República, en sustitución de El Marqués del Toro, que traicionó a la patria por su cobardía y su espíritu vacilante y aventurero.

A Miranda se le hizo sumamente difícil, puesto que el Ejército patriota estaba mal formado desde un principio y además reinaban las divisiones internas entre los dirigentes principales del Cabildo de Caracas, especialmente por los

“mantuanos”. Otros factores que contribuyeron también fueron: la injusticia, la poca voluntad política, la ambición, la intriga y la desconfianza en el Gobierno de la Junta Suprema.

Así que no pudo hacer nada por salvar la República, aunque ganó la batalla en Valencia, pero perdió Puerto Cabello, sacrificando a muchos soldados. No tuvo apoyo del Gobierno central. De manera que Miranda no halló otra alternativa que negociar y firmar el armisticio (acuerdo de paz) con el jefe realista Francisco Monteverde en San Mateo (hoy Estado Aragua), el 25 de julio de 1812. Esta historia se conoce como caída de la Primera República, ocurrida el 6 de julio de 1812.

 

Proyecto Mirandino del Canal de Panamá

 

Entre los años 1785-1789, estando en Rusia presentó a la Emperatriz Catalina II uno de los proyectos de la construcción del canal inter-océanico en el istmo de Panamá. Sobre este tema poco conocido en relación con la vida de Miranda, últimamente se ha hecho mayor énfasis en las investigaciones modernas.

Precisamente, con motivo de los 255 años del natalicio de Miranda (1750-1816), la destacada historiadora venezolana Dexy Rodríguez ha dicho lo siguiente: “Más de cien años antes de la inauguración del Canal de Panamá, Francisco de Miranda recorría los países más ricos de la época en busca de financiamiento para lograr la proeza de unir los dos océanos a través de un paso por Centroamérica”.

Miranda pensaba que con éste proyecto cubriría nuevas rutas comerciales con China y el resto de las naciones del Viejo Continente. Y además, con este sistema de navegación por los Océanos Atlántico y Pacífico facilitaría el libre acceso para atravesar los Andes en el caso de una nueva guerra de independencia o de algún conflicto internacional.

En cierta ocasión se reunió con el primer Ministro de Inglaterra William Pitt (14 de febrero de 1790) para hablarle de ese proyecto, pero éste no le dio importancia, puntualizó la historiadora.

Sus ideas en verdad fueron elevadísimas y por esto es considerado en la historia como el hombre de mayor proyección universal. Después de un siglo notamos que estas ideas se hacen realidad cuando los franceses comenzaron a construir el canal en el Istmo de panamá el 10 de enero de 1880 y concluido posteriormente por los norteamericanos el 15 de agosto de 1914, cuyo costo fue de 387 millones de dólares. El primer barco que inauguró, es decir, que hizo su travesía en esa fecha uniendo los Océanos Pacífico y Atlántico fue el vapor Ancón de 10 mil toneladas.

Dicho nombre proviene del emblemático cerro Ancón que engalana el emporio turístico de la ciudad de Panamá, localizada en la franja canalera. La renombrada poetisa panameña Amelia Denis de Ycaza le dedicó en sus versos y muy declamado por los estudiantes istmeños durante la ocupación norteamericana: “Ya no eres mía cerro Ancón”. Así mismo el destacado poeta panameño Mateo Iturralde en su canto a Panamá exclamó “Yo no vendo a mi patria”.

Actualmente el Canal de Panamá se encuentra en la etapa de modernización. En los años de mi vida estudiantil en la década de los setenta del siglo pasado siempre escuchaba en los foros de la Universidad de Panamá que esta vía marítima internacional se iba a volver obsoleta para el siglo venidero, XXI. Precisamente estamos en lo cierto. Los administradores y los ingenieros de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) lo han confirmado en estos últimos años.

Cada vez más se piensa en una vía alterna. Transitan por este tráfico acuático mundial aproximadamente unos trece mil buques anualmente. En estos últimos tiempos los altos niveles de tránsito, es decir, los barcos más grandes que se han construido en este siglo XXI han hecho difícil su paso por esta vía interoceánica por lo que los han desviado hacia la ruta conocida como el Cabo de Buena Esperanza y debido a ello el gobierno panameño ha tenido la pérdida de ingresos millonarios en dólares.

Y por lo que, en este momento ha originado el nuevo proyecto de ampliar la entrada del Canal de Panamá, ensanchar el Corte Culebra y crear la tercera esclusa, además de las dos que ya existen: esclusa de Gatún y esclusa de Miraflores.

También se ha propuesto crear un Megapuerto de las Américas para solventar este problema, ya que todo esto ocasiona una cuantiosa millonaria al Estado panameño.

De igual modo se estudia un nuevo Canal de Panamá, parecido al de Suez, con una longitud de 98 kilómetros y 200 metros de anchura, que atravesaría 58 kilómetros sobre el istmo y esto se iniciaría en el oeste del actual con unos 15 kilómetros aproximadamente. Todo esto facilitaría el mejor servicio para el paso de los buques normales (Panamax) y los buques más grandes (Post Panamax) de más de 500 mil toneladas.

Para la modernización de este emporio marítimo de gran importancia para el comercio mundial se ha tenido en cuenta el estudio de ingeniería, el impacto del ecosistema, el costo multimillonario, el tráfico de barcos que afectaría, entre otros.

El Gobierno panameño, norteamericano y japonés son los encargados de ese proyecto, que tendría en su recorrido terrestre unos 200 metros y en el marítimo unos 400 metros y cuya profundidad sería de 33 metros y la tierra sería removida en unos 1.800 millones de toneladas. En total dicha obra terminaría en diez años, con un costo de más de 20 mil millones de dólares. Sin embargo, los ingenieros y economistas más bien recomiendan que se construya un Megapuerto de las Américas que consideran que esto sería aproximadamente de 600 millones de dólares.

En definitiva, el Gobierno panameño convocó al pueblo al referendo efectuado el domingo 22 de octubre de 2006 sobre la propuesta del Canal de Panamá con esta pregunta: “¿Aprueba usted la propuesta de la construcción del tercer juego de esclusas en el Canal de Panamá”?.A este respecto consultivo el pueblo panameño acudió al sufragio con mucho entusiasmo y participación, aprobando tal propuesta, la de ampliación del canal interoceánico con este proyecto valorado en cinco mil doscientos cincuenta dólares y con esto se cumple una de las insignias que aparece en el Escudo de Armas: “Pro-Mundi Beneficio”.

Panamá en el pensamiento bolivariano

“El espectro de toda inmensa patria, con pasado, ideas, cultura, tradiciones, futuro y sueños comunes se encuentra justo en el istmo articulador y geopolíticamente vial. Allí, en Panamá, se trasladaría la sede del Congreso Continental, allí, en esas tierras estratégicas tendría que erigiese Colombo, la capital de Colombia” (María Inés Delgado, Miranda, El Visionario, 2008).

El Libertador Simón Bolívar (1783-1830), en su “Carta Profética” de Jamaica del 6 de septiembre de 1815, expuso la siguiente nota: “Que bello sería que el Istmo de panamá fuese para nosotros lo que el Corinto para los griegos. Ojala algún día tengamos la fortuna de instalar allí un Congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios a tratar y discutir sobre los altos interese de la paz y la guerra con las naciones de otras partes del mundo. Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna época dichosa de nuestra generación”.

El Libertador comparó a Panamá con la ciudad de Corinto, antigua capital de Grecia (hoy Atenas), cuna de los pensadores clásicos de la Edad Antigua y puerto marítimo de gran importancia para el comercio y el sistema de navegación en el Cercano Oriente. Acerca de ese mundo Mediterráneo la misma Biblia nos aporta grandes conocimientos geográficos respecto de los viajes misioneros del apóstol Pablo, narrado específicamente en el Nuevo Testamento.

Para este visionario de América el Istmo de Panamá está en el centro del globo habitado entre el continente asiático, el continente africano y europeo. Y por lo que afirmó: “Parece que si el mundo hubiese de elegir su capital, el istmo de Panamá sería señalado para este augusto destino”.

Este sueño anhelado del Libertador por ver a Panamá como zona estratégica para las actividades políticas y comerciales de grandes proyectos del continente americano, se cumple al cabo de once años con el favor de Dios como esperaba Bolívar. Luego que él mismo convocara, siendo Presidente de la Gran Colombia y Encargado del Gobierno del Perú, a esta Magna Asamblea el 7 de diciembre de 1824. Precisamente dos días antes de la batalla de Ayacucho, en donde se consolidó la independencia de los países suramericanos y se consiguió la libertad definitiva del “yugo español” en todo el continente americano (9 de diciembre de 1824).

A este Congreso Anfictiónico de Panamá efectuado desde el 22 de junio hasta el 15 de julio de 1826, fueron invitados por el Libertador: El Gobierno de Colombia, México, Río de la Plata (Argentina), Chile y Guatemala (capital de Centro América de aquel entonces). Salvo Panamá ya que pertenecía a la Nueva Granada. Entre tanto, el Vicepresidente de Colombia Francisco de Paula Santander y el Presidente de México Guadalupe Victoria sin previo aviso al Libertador invitaron a países extranjeros, tales como Inglaterra, Estados Unidos, Brasil y los Reinos de Francia y Países Bajos (Holanda).

El propósito de este Congreso Panameño era lograr la unificación y confederación de países latinoamericanos, a fin de tener mayor fuerza y estabilidad económica y diplomática y a su vez para que se convirtiese en reina de las naciones y madre de las repúblicas y respetada por otras potencias extranjeras.

El objetivo planteado por el Libertador no se cumplió debido a la oligarquía reinante de su época entre algunos de sus dirigentes y caudillos de la guerra de independencia (1811-1821), especialmente por el movimiento separatista de La Cosiata, conducido por el General José Antonio Páez en 1826. Y así mismo la diplomacia norteamericana como de costumbre desde un principio mantuvo su influencia para imponer su objeción contra la unidad de países hispanoamericanos.

Como consecuencia de todo esto la agresión Norteamericana comenzó temprano en México al invadirle sus tierras de más de 2.500.000 Kilómetros cuadrados, entre los años 1846 y 1848 por el General Zacharis Taylor, quién después llegó a ser Presidente de los Estados Unidos. Así se refleja en la doctrina Monroe (América para los americanos, es decir, América para Estados Unidos, 1823). El Libertador ya discernía todo esto. Sin embargo, el proyecto bolivariano de la integración latino-americana y caribeña sigue vigente en estos tiempos difíciles que vive nuestro hemisferio.

 

“Los Estados Unidos que parecen destinados por la Providencia a

plagar la América de miseria en nombre de la libertad”

Simón Bolívar.

 

Panamá Canal Zone

En París, Francia, en el año 1879 la Compañía Universal del Canal Interoceánico no gubernamental firmó un acuerdo con la Nueva Granada (Colombia) para construir el Canal en el Istmo de Panamá, América Central. Un año después, el 10 de enero de 1880 se iniciaron las excavaciones de tierra. Dicha expedición estuvo a cargo del conde Fernando de Lesseps (1804-1894), quien construyó el canal de Suez en 1869 entre Europa y Cercano Oriente.

Al cabo de nueve años, (1889) esta Sociedad Civil Internacional del Canal Interoceánico no poseía más recursos económicos por lo que fracasó. Debido a ello se vio obligado a vender sus acciones. Estos derechos y propiedades fueron comprados por los norteamericanos en 40 millones de dólares en 1902.

Los documentos fueron firmados por el ingeniero civil, maestro de obra, Felipe Bunau Varilla y el entonces presidente de los Estado Unidos de América Teodoro Roosevelt.

Existentes los problemas sociopolíticos entre Panamá y el poder central de Bogotá, en especial por la zona del canal, por lo que la Nueva Granada no quería ceder este territorio a la jurisdicción panameña, sino hasta que se cumplieran los cien años. Esto ocasionó un desacuerdo en ambas partes, produciéndose una rebelión que en consecuencia la burguesía panameña solicitó ayuda estadounidense a cambio de 10 millones de dólares por la zona del canal, con lo que se logró la separación de Panamá de Colombia, el 3 de noviembre de 1903.

Como resultado de esto, los norteamericanos continuaron la obra en esa franja canalera, permitiéndoles de esta manera su permanencia “a perpetuidad” en la zona del canal, según el tratado original de 1903, siendo entonces el Dr. Manuel Amador Guerrero, primer presidente de Panamá, de origen colombiano.

Once años más tarde fue concluida la construcción del Canal de Panamá, el 15 de agosto de 1914. Desde entonces el Gobierno norteamericano ha instalado sus 14 modernas bases militares hasta la estipulación del tratado de Torrijos-Carter de 1977. En 1946 durante el Gobierno de Ricardo de La Guardia Washington estableció la Escuela de las Américas, la cual dio mayores aportes en la formación de la carrera militar a los jóvenes en nuestro continente latinoamericano y caribeño. En 1963 por primera vez en la política internacional el presidente de E.U.A., John F. Kennedy reconoce el principio de la soberanía sobre la zona del Canal de Panamá durante el gobierno de Roberto F. Chiari (1960-1964).

El 11 de octubre de 1969 el General de Brigada, Omar Torrijos Herrera, da el golpe de Estado contra el presidente constitucional, Dr. Arnulfo Arias Madrid, del Partido Panameñista o “Arnulfista” cuando éste se encontraba en Cancún (México). Torrijos con su consigna política “yunta, pueblo y gobierno” llega al poder con un mensaje nacionalista y de profundo patriotismo. Recuerdo algunos de sus destacados discursos: “Si caigo, cojan la bandera y sigan adelante”; “Nunca de rodillas, siempre de pie”; “No quiero entrar en la historia, sino en el canal”, entre otros.

Finalmente, el 7 de septiembre de 1977, el presidente de E.U.A. Jimmy Carter y el General Torrijos ante la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) firman un tratado que sustituye el original de 1903 y provee el traspaso del Canal de Panamá en forma progresiva a partir de 1979. Actualmente Panamá administra su propio canal con 147.000 hectáreas, 94.000 hectáreas de profundidad, 824 kilómetros de extensión y con una franja de 17 kilómetros a ambos lados.

“MonDieu, La Republique estblessé au coeur”

Estas fueron las palabras pronunciadas por el generalísimo Francisco de Miranda en el idioma francés y traducidas a la lengua castellana: ¡Dios mío, la República está herida en el corazón!

Estas inmortales exclamaciones quedaron en la memoria de la historia de Venezuela con respecto de la pérdida de la Primera República en 1812 en Puerto Cabello ante los realistas comandadas por un experto militar de España, de nombre Domingo Monteverde, quien tenía dos años prestando sus servicios militares en Puerto Rico y llega a Venezuela, entrando por la ciudad de Coro para reforzar el dominio español durante la guerra de independencia.

Existían muchos rencores desde un principio en la revolución independentista. A Miranda le miraron feo los mantuanos desde que regreso de Inglaterra a su patria como un gran caudillo y aclamado por el pueblo en las avenidas principales de Caracas, el 13 de diciembre de 1810.

Había un enorme desprecio y despotismo guardados en los corazones de algunos patriotas, por ejemplo, Juan Germán Roscío, quien fuera abogado y redactor del Acta de la Independencia, fue detractor de Miranda y le propagó la mala fama para que no le apreciaran.

Así mismo, se guardaban en los documentos oficiales de la República los viejos problemas suscitados en relación con su padre, Don Sebastián Miranda Ravelo, que fue designado como capitán en 1769, por el nombramiento hecho por el señor Gobernador de la Provincia de Venezuela, D. José Solano y Bote y luego defendido por el Rey de España, Carlos III, y por lo que un grupo de mantuanos del Cabildo de Caracas lo rechaza.

En medio de todas esas luchas sociopolíticas de una Venezuela dividida por las ambiciones del poder, al igual que en el día de hoy, Miranda no se sintió derrotado y siguió adelante con sus proyectos de ver su patria libre de las fuerzas extranjeras.

Recién llegado a su tierra nativa ocupó el puesto de teniente general de los Ejércitos, titulo conferido por la Sociedad Patriótica y a su vez más tarde sería presidente de la misma, y después se convertiría en diputado por El Pao, el 22 de junio de 1811, en el primer Congreso Constituyente.

En esta situación de la Venezuela colonial, debilitada y sin fortaleza ante los realistas, entre algunas hazañas ganadas como la de Valencia, cae la Primera República, con un país sin recursos económicos ni armamentos, rodeado de traidores Pedro Gual, Tomás Montilla y otros, y a su vez devastado por el terremoto de Caracas, ocurrido en 1812, en el que murieron más de 10 mil personas.

Por lo que la capitulación se firma con el jefe realista Monteverde, en San Mateo el 25 de julio de 1812, con la garantía de que se respete la vida y la dignidad, tanto de los prisioneros como de los ciudadanos, lo cual no se cumplió por el Ejército español.

Miranda, al día siguiente, el 26 de julio, decide viajar a Cartagena para entrevistarse con el prócer colombiano Antonio Nariño en procura de ayuda económica y militar para proseguir la guerra contra la corona española.

Pocos días llega al Puerto de La Guaira y el otro patriota, Manuel María de las Casas, comandante militar de esa jurisdicción, le da la hospitalidad en su casa sin saberlo que era su enemigo y espía de Monteverde, entre tanto, Miranda esperaba para abordarse en el buque inglés Sapphire, al otro día.

En la madrugada del 30 de julio de 1812, como a las tres despertaron y detuvieron a Miranda por un grupo de oficiales de alto mando militar, entre los cuales se encontraba el coronel Simón Bolívar. Cuando Miranda siente esa traición por parte de sus supuestos amigos patriotas, exclama: ¡Bochinche, bochinche, esta gente no sabe hacer, sino bochinche!

¡Bochinche, bochinche, esta gente no sabe hacer, sino bochinche!

Estas son las palabras que escuché por primera vez, dichas y repetidas varias veces por el historiador Miguel Ángel Villarruel, en el Auditorio Ambrosio Oropeza de la UniversidadCentroccidental “Lisandro Alvarado” (UCLA) de Barquisimeto, Venezuela, con motivo de la conmemoración del natalicio de Sebastián Francisco de Miranda en su bicentenario. Esta fue la razón que me motivó a estudiar e investigar la vida del generalísimo Francisco de Miranda. Esta frase proverbial dicha por Miranda me recuerda una de las siete oraciones de Cristo sobre la cruz, pidiéndole a su Padre celestial perdón y misericordia por los que le estaban maltratando, porque no habían entendido estos verdugos su gran misión salvadora

(Evangelio de Lucas 23: 34). Así trataron lamentablemente el generalísimo y precursor de la independencia de Hispanoamérica.

Como veníamos diciendo, posteriormente estos enemigos patriotas le entregan el prisionero Miranda a Monteverde y ellos huyen del país, incluyendo a Simón Bolívar, el 27 de agosto de 1812; y así mismo se nombra en la historia a José Félix Ribas, entre otros.

Esta vez Miranda se encuentra en las bóvedas de La Guaira (hoy Estado Vargas) amarrado los pies con las cadenas y los grillos como si fuera un perro, maltratado y con mala alimentación.

En 1813 del mes de enero el Precursor de Hispanoamérica es llevado al castillo San Felipe de Puerto Cabello. Ante el temor que presentían los realistas por la Campaña Admirable que se inició desde la Nueva Granada, trasladan a Miranda a la Fortaleza del Morro, en San Juan, Puerto Rico (isla del Caribe), en junio de 1813. Dado que los realistas se imaginaban que en cualquier momento

Miranda se escaparía. Por lo que los realistas sentían el temor de ese reo que consideraban sumamente peligroso. Por su condición deplorable e inhumana que veían, en Puerto Rico le quitan las cadenas y los grillos. Esta vez le atienden bien, le brindan bienestar, se divierten

y conversan con él sobre su odisea. Finalmente, por orden de las autoridades de esa isla caribeña fue llevado a Cádiz, España, donde permaneció dos años como preso político, tratado equivocadamente como traidor a la patria por la capitulación de San Mateo por otros republicanos que fueron sus amigos. Seguramente estando en esa prisión se acordaba de su primer viaje a ese puerto que había hecho en su juventud viniendo de Venezuela como un aventurero en busca de una sabiduría, de Sara Andrews, quien fuera la madre de sus dos hijos, cuando tocaba flauta y piano en la Iglesia Reformada de Inglaterra (congregación anglicana), entre otros. Escribió muchas cartas a sus amigos para que abogaran por él ante el Rey Fernando VII a fin de que le hicieran la justicia. Creyó ser liberado pero nunca consiguió ese beneficio. Después de todo esto enfermó de apoplejía (suspensión de algunas funciones cerebrales) y murió con un espíritu alegre y con una gran esperanza, confiando en Dios dador de la vida el 14 de julio de 1816, como un héroe por la causa independentista y hasta su nombre quedó registrado en la Torre del Triunfo de Paris, Francia, para el testimonio de su vida como símbolo cultural y patrimonio de todas las generaciones de la juventud estudiosa y amante de la patria.

A modo de resumen diremos, que todas las expectativas que Miranda tuvo al principio sobre la independencia de Venezuela no se le realizó y por lo que no se puede llamar fracaso, sino al contrario, fueron los contratiempos que proceden del Dios de la historia (I Reyes 12: 24) para su fiel cumplimiento en los designios de su soberanía absoluta, como ya lo sabemos que a posteriori todo se efectuó en ese gran hombre, Visionario y Precursor de Sur América.

Epílogo

1. Generalísimo Francisco de Miranda Ravelo, nace en la Capitanía General de Venezuela, Caracas, hoy Distrito Capital, DC, el 28 de marzo de 1750.

2. Era el primogénito de los diez hijos (5) e hijas (5)D Sebastián de Miranda Ravelo, oriundo de las islas canarias (España), y de Doña Francisca Antonia Rodríguez Espinoza, de nacionalidad venezolana, nacida en Caracas, de padres inmigrantes portugueses.

3. El niño Miranda es bautizado conforme con el dogma católico, en la Iglesia Catedral de Caracas, el 5 de abril de 1750.

4. Hasta los doce años concurre su escuela primaria en el Real Colegio Seminario de Caracas, en 1762. En ese mismo año sus padres se mudan a su nueva casa, situada en la “Divina Aurora” (hoy es la esquina de Padre Sierra a Bolsa, cerca del antiguo Congreso de la República, es decir, la actual Asamblea Nacional, AN.

5. A los catorce años de edad estudia Artes (bachillerato) en la Real y Pontificia Universidad de Caracas, en 1764.

6. El Rey de España, Carlos III, le designa a su padre el cargo de Capitán de Batallón de Blancos de inmigrantes canarios, el 12 de septiembre de 1770.

7. D. Sebastián de Miranda es una persona no grata entre la población criolla de Caracas. Por lo que su hijo Francisco de Miranda, de apenas veinte años de edad decide abandonar a Venezuela y hacer un largo viaje a Europa, especialmente a Cádiz (España) y luego a Madrid, la capital española, y se embarca en el puerto de La Guaira (hoy Estado Vargas) en el buque sueco Príncipe Federico, el 25 de enero de 1771.

8. Al cabo de dos meses se desembarca en ese barco velero en el Puerto de Cádiz (1 de marzo de 1771) y luego salió de allí (14 de marzo) y llegó a Madrid (28 de marzo), precisamente era la fecha de su cumpleaños, de veintiún años de edad.

9. Durante la estancia en Madrid en 1772 comienza a formar su biblioteca y se compra numerosas obras clásicas de distintos filósofos e ideólogos europeos y entre las cuales también se encontraba la Biblia de la Versión Royaunmont (esto es muy importante que para los hombres y mujeres de principios y bien educados que no falte en su armazón de libros la Sagrada Escritura).

10. Una vez adquirida su nacionalidad española (1772) se incorpora en el Ejército español. Se siente tan español y por lo que el Rey Carlos III le nombra Capitán y desempeña el puesto de la Corte de la Princesa, en diciembre del mismo año.

11. Entre algunas de sus hazañas militares sobresalientes le vemos en Marruecos (norte de África) a favor de España, en diciembre de 1774 y marzo de 1775.

12. En una nueva expedición, franco-española de nuevo le vemos en la batalla naval del Mar de las Antillas, en defensa de la isla de Cuba contra las fuerzas inglesas (28 de abril de 1780), en calidad de ayuda al General Juan Manuel Cagigal, Gobernador de dicha isla caribeña, en ocasión de la Guerra de Independencia de Estados Unidos.

13. Miranda es ascendido a Teniente Coronel por derrotar a los británicos y capturar a la fortaleza de Pensacola en el occidente de Florida (E.U.A.) en la Guerra de Independencia, en 1781. Y en ese mismo año comienza verse en él su verdadero espíritu revolucionario y precursor y se le aclara la visión completamente, al tener compromiso con su tierra que le vio nacer y con el resto de Hispanoamérica.

14. El 1 de junio de 1783 deserta del Ejército español al que sirvió unos diez años. Desde Cuba fue protegido y defendido por el Mariscal de Campo, Juan Manuel Cagigal, de falsas acusaciones de contrabandista por parte del Rey Carlos III de España y de la Iglesia Católica Romana y Vaticana de España, viaja a Estados Unidos de Norteamérica. Seis meses después, es decir, el 9 de diciembre del mismo año se entrevista con el prócer de la independencia George Washington, en Filadelfia. En total permanece 18 meses en E.U.A., esto es, hasta diciembre de 1784.

15. Después de estudiar y analizar todo lo sucedido en cuanto a la Guerra de Independencia de EUA, abandona el suelo norteamericano en Boston y viaja a Inglaterra, el 15 de diciembre de 1784, en procura de apoyo financiero y militar, a fin de llevar a cabo la libertad del Continente Américo-Colombiano del Imperio Español.

16. Un mes y medio duró su viaje en altamar y llegó a Londres, el 1 de febrero de 1785. En su estancia en la capital inglesa contempla a Panamá en su visión política como ciudad federal de zona estratégica y propicio para inversiones financieras a nivel mundial y de fuerza militar, económica, cultural y diplomática en especial para la unidad Latinoamericana y caribeña. Más tarde el Libertador Simón Bolívar idealiza esa visión mirandina en su “Carta Profética” de Jamaica de 1815 cuando convoca el Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826.

17. Solo permanece seis meses en Gran Bretaña y viaja a los demás países de Europa y Asia. El 14 de febrero de 1787 se entrevista con la Reina Catalina II de Rusia. Le presenta por primera vez a una dignataria mundial el proyecto de la construcción del canal interoceánico en el istmo de Panamá. Pero no consigue ningún apoyo.

18. Tres años después se entrevista con el Primer Ministro británico William Pitt (14 de febrero de 1790) con el mismo proyecto de la construcción del Canal de Panamá. Tampoco consigue respuesta alguna. Posteriormente le escribió otras muchas cartas para presentarle propuestas que hasta ahora sólo permanecen en los anales de la historia.

19. Así mismo participó en la segunda etapa de la Revolución Francesa (1792) contra las fuerzas invasoras de Australia y Rusia, que eran dos potencias en la Europa de aquellos días.

20. Miranda detenido y preso en la Madelonette (Francia), el 2 de diciembre de 1794, por defender la liberación de esclavos en Saint Dominique (Haití) y, luego puesto en libertad, el 16 de enero de 1795.

21. Miranda retorna nuevamente a EUA después de veinte años de su peregrinaje en Europa y Asia. Era el 2 de septiembre de 1805 cuando sale de Londres y llega el 9 de noviembre del mismo año a puerto de Nueva York. Dicho viaje se debe al aparente fracaso por no haber logrado el apoyo de países europeos, sobre todo de Inglaterra que no querían ver América Hispana libre del “yugo español”. Y por lo que llega a la conclusión que esta acción militar debe realizarse por su propia cuenta y que todos estos esfuerzos hechos no se iban a quedar en vano. Después se dirige a Washington, capital de EUA (25 de noviembre de 1805) y al cabo de doce días se reúne con Thomas Jefferson, Presidente de aquel entonces. En esa entrevista del 7 de diciembre de 1805 le dice al mandatario norteamericano que necesita su apoyo para la Guerra de Independencia de Hispanoamérica. Pero tampoco le resulta favorable esa diligencia, ya que EUA no quiere entrar en conflicto con España.

22. Pasa la Navidad en Washington y decide volver a Nueva York (29 de diciembre de 1805), pero sin apoyo alguno. Sin embargo, su esperanza está viva y latente por ver a Sudamérica libre. Se prepara para zarpar del puerto de Nueva York, (Staten Island) el 2 de febrero de 1806, en el barco Leander. Llega a las costas de Haití (Jacmel) el día 18 del mismo mes y al día siguiente (19) ancla su barco Leandro frente al puerto. En total permanece seis semanas en esa nación antillana. Posteriormente, el 12 de marzo de 1806, iza la bandera de Colombia en el mástil principal del barco Leander en aquellas costas de Haití.

23. Miranda durante la fecha de su cumpleaños (28 de marzo) ordena la expedición desde Haití hasta las playas de Ocumare de la Costa del Estado Aragua. Llega a Bahía de Ocumare de la Costa el 27 de abril de 1806. Al día siguiente (28) intenta desembarcar la tripulación para el ataque, pero es rechazada y respondida por la artillería de los guardacostas de los españoles. Por no haber capturado a Venezuela se refugia entre las islas del Mar Caribe: Grenda, Barbados y Haití.

24. A posteriori desembarca en La Vela de Coro (3 de agosto de 1806) y ondea por primera vez la bandera de Colombia en el suelo venezolano. No consigue apoyo del pueblo venezolano, debido a que la idea católica dominante invadía su conciencia, para irse en contra de la Independencia.

Se retira a las islas Antillanas Inglesas (Aruba, Barbados y Haití), el 13 de agosto de 1806 y allí permanecer desde el 1 de noviembre de 1806 hasta finales de 1807.

25. Desde la isla de Trinidad (1807) se va a Londres. Y en 1810 funda el periódico “El Colombiano”. Ese mismo año recibe en Londres a los representantes de la Junta de Caracas: Simón Bolívar, Luís López Méndez y Andrés Bello, a fin de que les ayuden a independizar a Venezuela del dominio español.

26. Miranda, al retornar a su patria fue electo entre los 44 diputados de las siete provincias representadas en el primer Congreso de Venezuela instalado (2 de marzo de 1811) que proclamaría la independencia a España el 5 de julio de 1811.

27. Actúa plenamente en la Guerra de Independencia, le es concedido el título de Generalísimo el 23 de abril de 1812 por la Junta Suprema de Gobierno.

28. Es sustituido por Marqués del Toro en su intento de salvar la República. Se le cae la Primera República por la mala preparación del componente militar que le entregaron y por la división y oligarquía reinante en toda la esfera de la sociedad venezolana y entre otros factores sociopolíticos.

29. Así que la Primera República comienza el 19 de abril de 1810 (Proclamación de la Independencia) hasta su capitulación (25 de julio de 1812) firmada y sellada en San Mateo, Edo Aragua.

30. Miranda intenta irse a Colombia para verse con Antonio Nariño cuando es aprehendido en La Guaira por los patriotas (entre Bolívar y otros) y luego entregado a los realistas. Tiempo más tarde murió encadenado como un perro en la prisión de la Carraca (Cádiz-España), el 14 de julio de 1816. En su lecho de muerte el sacerdote católico de la celda le pide que confiese sus pecados para que no vaya al infierno, pero éste le rechaza y le dice: “Déjame morir en paz”, y con esto él quiso decir que no necesitaba el consejo de un cura cuyo nombre era Álvar Sánchez por tanta opresión espiritual que le causó la Iglesia de Roma desde muy temprano cuando el poder oculto de la Inquisición le perseguía por sus ideales revolucionarios a favor de una Hispanoamérica libre de la subyugación española. Según la historia, debajo de su cama a la hora de su muerte encontraron un texto del Nuevo Testamento que tantas veces leyó y le acompañó. Esa palabra de Dios desde el primer día en que arribó a España le acompañó junto con las demás obras de escrituras ilustradas o enciclopedistas del siglo XVII.

REFRENCIA BIBLIOGRAFICA

A. Libros

1. De Miranda, Francisco, Colombeia, “Miranda súbdito español 1750-

1780.Caracas, Venezuela: Ediciones de la Presidencia de la República,

1978, Tomo I, 631 págs.

2. De Miranda, Francisco, Colombeia, “Miranda súbdito español 1750-1780.

Caracas, Venezuela: Ediciones de la Presidencia de la República, 1979,

Tomo II, 579 págs.

3. De Miranda, Francisco, Colombeia, “El viajero ilustrado” 1783 -1785.

Caracas, Venezuela: Ediciones de la Presidencia de la República, 1980,

Tomo III, 477 págs.

4. De Miranda, Francisco, Colombeia, “El viajero ilustrado” 1785 -1786.

Caracas, Venezuela: Ediciones de la Presidencia de la República, 1983,

Tomo IV, 559 págs.

5. De Miranda, Francisco, Colombeia, “El viajero ilustrado” 1787.

Caracas,Venezuela: Ediciones de la Presidencia de la República, 1982,

Tomo V 567 págs.

6. De Miranda, Francisco, Colombeia, “El viajero ilustrado” 1787 -1788.

Caracas, Venezuela: Ediciones de la Presidencia de la República, 1980,

Tomo VI, 559 págs.

7. Peña, Salvador, Panamá, un congreso y un destino: Caracas,

Venezuela, 1979.

B. Periódicos

1. Rodríguez, Dexy, “Miranda quería construir el Canal de Panamá”.

Diario El Impulso de Barquisimeto, Venezuela. Lunes 28 de Marzo de

2005, pág. B 9.

2. Cañón M. Luís, y otros. Miranda, El Visionario: Maracaibo, Venezuela,

diario Panorama, Noviembre de 2006.

Colección Hermann Garmendia

Serie Historia local

Francisco de Miranda

y el canal de Panamá

Selección de escritos de Arnulfo López E, publicados en el diario El caroreño durante los años 2012 -2017 donde destaca la valiosa obra del Generalísimo Francisco de Miranda en tierras americanas a través de una prosa sencilla, ideada para alcanzar su difusión en cuadernillos escolares, medios digitales y presentaciones programadas en espacios educativos.

Sistema de Editoriales Regionales LARA.